lunes, 7 de noviembre de 2011

Bilbao










A seis mil metros de altitud no tengo la ración individual de comida de Tyler Durden pero sí la de amigos.

A seis mil metros de altitud, con un asiento vacío entre los dos no encuentro manera de robar el balón y empezar mi partido.

A seis mil metros de altitud turbulencias, risa nerviosa...

Gafas, chicle de fresa y flequillo que me recuerdan no demasiado al anticristo.

A seis mil metros de altitud Roberto Baggio sale a la contra con un balón venenoso. Al fín otra vez compitiendo, alegre y resignado imagino la grada de San Siro llena de banderines negri-azules.

A seis mil metros de altitud irrumpes en mi vida para regalarme mi ración individual de sexo y autoestima.

"Creo que nunca he pasado tanto miedo volando", "si lo sé me quedo en madrid y no trabajo", "¿vas a Bilbao por trabajo?", "¿Tú porqué vas a Bilbao?", "también voy por trabajo" , "voy a impartir un curso", "soy controller financiera".

A seis mil metros de altitud tu novio es sujeto omitido.

A seis mil metros de altitud sacas la banderita y yo la veo "no conozco a nadie, vengo dos dias, si hace mal tiempo es muy aburrido".

En tierra firme...

Las maletas una excusa para seguir viéndote. Se adivina un buen culo y una piel límpia.

En tierra firme cruzamos teléfonos y dejamos abierto el marcador.

Al día siguiente jugamos el segundo tiempo.

Llueve y quiero que nos hagamos Bilbao más entretenido.

Llueve sobre mojado, no se cuantos hoteles hay en Deusto pero es demasiada coincidencia que estemos en el mismo, ¿no crees?.

NH Deusto, en recepción a las 21:00, escote con fular, cojo la indirecta. Tienes dos tetas pero no quieres parecer fácil.

Paseo, poco trabajo, aburrimiento.

Cena en La Gabarra, indirectas, directas, miradas. Nerviosa me dejas caer que mañana no madrugas. Yo madrugo pero por tí trabajo con sueño.

Roberto Baggio está oxidado, busca un quiebro delante de la puerta pero no ve el área.

Llúvia mojando la ría, no hay cafetería en el hotel, pasa el tiempo y se acerca el pitido final.

Llúvia, carrera para no mojarnos, portal.

Llúvia, portal, humedad alientos.

Alientos, labios y el proyecto de que pases a formar parte de mi prosa poética.

Alientos, labios, mi pierna abre las tuyas, mis manos desgarran tu camiseta, tus tetas calientes en la palma de mi mano.

"La primera regla del club de la lucha es que no se habla del club de la lucha", la primera regla de nuestra lucha es que esta noche probarás mi ducha.

No sé porqué, en los ascensores sale lo mejor y lo peor de mí. Te emputezco frente al espejo.

En la habitación te empotro en la pared y moldeo tu culo.

Cae tu suje, sale la camiseta...

Cae tu pantalón y mientras me das la espalda, tus bragas son mi pasatiempo favorito.

Mojo mis dedos en tí para olerte, para degustarte.

Y ahora innovo y creo algo nuevo para tí...

Tu espalda y tu culo en el saliente de la bañera.

La alcachofa de la ducha se alterna con mi lengua para hacerte volver a subir a seis mil metros de altura.

Y después, como Bunbury, nado desnudo en tu oleaje.

Acabándose este 2011, dedico este gol a quienes no han creido en mí este año.